domingo, 21 de agosto de 2022

EL RUIDO Y LA FURIA

 


EL RUIDO Y LA FURIA.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

I

El ruido y la furia (1929) de William Faulkner trata de la vida, contada desde el punto de vista de varias personas, pero sobre todo desde la óptica de un trastornado mental: Benjy. Se inspira en un verso de Macbeth (1606) de Shakespeare :

“La vida es un cuento relatado por un idiota , lleno de ruido y furia, sin significado alguno”.

II

Los diálogos, monólogos o soliloquios, pensamientos rumiantes e intrusivos son un recurso literario tomado por Faulkner del Ulises (1922) de   James Joyce.

Jorge Luis Borges dijo que el Ulises es el pensamiento de la vigilia,  el subconsciente colectivo:  “El presente es el futuro que se vuelve pasado. Vivimos sucesivamente: una cosa sucede a otra; pero el sueño es simultáneo y el pensamiento también. Eso es el Ulises: el caos de la simultaneidad”.

III

Esta manera de ver la vida desde diferentes ángulos lo utilizo Gabriel García Mayeques e n la Hojarasca (1955) , su primera novela :El  coronel ,Aureliano Buendía su hija y el nieto piensan en torno a un féretro . Cada uno tiene su monólogo interior joyceano (multiperspectivismo). Ven la realidad desde sus perspectivas peculiares. Gabriel García Márquez afirma en “Vivir para contarla” (2002) que como reportero había constatado las contradicciones en las versiones de los distintos testigos presenciales de un suceso. Eso acontece ahora en el cuarto fúnebre. Todos tienen sus propios recuerdos y reflexiones.

Digresión: El médico español José Letamendi dijo: “Quien no filosofa ante un cadáver no tiene entendimiento”. Charles Bukowski lo expresó de otra manera, pero con igual contundencia: “Los funerales hacen ver mejor las cosas”. (Cartero, 1971).

IV

Todo lo anterior se define ahora como el efecto Rashomon: la verdad es relativa y depende de la subjetividad de cada observador: “Es el efecto producido por la subjetividad y la percepción personal a la hora de contar la misma historia o situación, por lo que los individuos que la cuentan lo hacen de forma diferente, pero de manera que cualquiera de las versiones es razonablemente posible, sin tener que ser por ello falsa”. El término es tomado de la película del mismo nombre (1950) de Akira Kurosawa.

V

El ruido y la furia es la historia de una familia disfuncional donde hay problemas económicos ,hipocresía, miserias espirituales, incesto, suicidios y, por, sobre todo, mucha metafísica.

Algunas frases:

1

Nunca se gana una batalla . Ni siquiera se libran. El campo de batalla solamente revela al hombre su propia estupidez y desesperación, y la victoria es una ilusión de filósofos e imbéciles.

2

 Supongo que nadie escucha deliberadamente un reloj de pulsera o de pared. No hay por qué. Se puede ignorar el sonido durante mucho tiempo, pero luego un tictac instantáneo puede recrear en la mente intacta el largo desfilar del tiempo que no se ha oído.

3

Fueron los hombres quienes inventaron la virginidad, no las mujeres

4

La muerte: un estado en que quedan los demás.

5

Antes se reconocía a un caballero por sus libros: ahora se le reconoce por los que no ha devuelto.

6

Los relojes asesinan el tiempo.

7

El tiempo está muerto mientras es recontado por el tictac de las ruedecillas; sólo al detenerse el reloj vuelve el tiempo a la vida.

8

Hacia la eternidad arrastras el símbolo de tu frustración.

9

Hay gente que no tiene suerte , aunque le cambien el nombre.

10

Las mujeres nunca son vírgenes. La pureza es un estado negativo y por tanto contrario a la naturaleza.

 11

Cuando se deja en agua una hoja durante mucho tiempo desaparece el tejido y las delicadas fibras oscilan lentamente como un movimiento en sueños.

12

El hombre es   la suma de sus experiencias climáticas. Un problema de propiedades impuras tediosamente arrastrado hacia una inmutable nada: jaque mate de polvo y deseo.

13

El alcohol te enseña a confundir el fin con los medios.

14

Cada hombre es árbitro de sus propias virtudes tanto si lo consideras un acto de valor como si no tiene más importancia que el acto .

15

La vida aconseja a la gente que haga precisamente lo que no quiere hacer, lo que no es ni más ni menos que demostración de la degeneración de la especie humana.

 

martes, 16 de agosto de 2022

EL GALLO DE ORO.

 


 

 

 

EL GALLO DE ORO

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

En el Gallo de oro  (1976) de Juan Rulfo (1938-1986) la ludopatía y la codicia son los ejes transversales alrededor de los cuales está la vida pueblerina con sus ferias o fiestas patronales de San Miguel del Milagro acompañadas de   juegos de azar diversos , circos, tarantines con mercancías para todos los gustos , gastronomía de deliciosos platos fuertes y tentempié; tequila , mezcal y cerveza para alegrar o entristecer el espíritu. En todos estos eventos participan   gentes honestas y de mal vivir.

El destino, la suerte, la superstición y la magia guían los pasos de los hombres y mujeres.  La vida y sus avatares transcurre bajo un inexorable determinismo emanado de un talismán.

En El gallo de oro hay un hombre pobre cuya estrella lo convierte en un portento del dinero (Dionisio Pinzón), situación que lo transforma es un ser soberbio y arrogante que olvida su miserable pasado y que la vida es un subibaja: volverá a su condición primigenia. No es casualidad que Rulfo le tenía por nombre alternativo a su obra “De la nada a la nada”.

 Hay un hombre rico (Lorenzo Benavides)que caerá de su pedestal. Una mujer-imán (La Caponera ) de la buena suerte, y muchas apuestas en los redondeles o palenques. Es una mujer nómada : “Ya sabes que nací para andar de andariega. Y sólo me apaciguaré el día que me echen tierra encima".

Las peleas de gallos son el escenario fundamental de la novela concebida primariamente como un guion de cine. No es casualidad que primero salió una de las versiones cinematográficas y luego el libro: El gallo de oro (1964) con adaptaciones de escritores de lujo: Gabriel García Márquez y Carlos fuentes. La segunda película ,  El imperio de la fortuna (1986), tiene la actuación de una figura estelar del a gran pantalla mexicana : Lucha Villa.

 

Frases:

1

El palenque de San Miguel del Milagro era improvisado y no tenía capacidad para grandes muchedumbres. Se aprovechaba para esto el corral de una ladrillera, levantándose un jacalón techado a medias de zacate. El anillo estaba hecho con láminas de tejamanil y las bancas que lo rodeaban y donde se acomodaba el público, no eran más que tablones apoyados en gruesos adobes.

2

Si uno de ellos tomaba partido por un gallo, el otro dejaba caer su favor en el contrario. Así, hasta que los ánimos se fueron acalorando, ya que ambos querían que sus gallos ganaran.

3

Pero por ese tiempo murió su madre. Pareció ser como si hubiera cambiado su vida por vida del “ala tuerta” como acabó llamándose el gallo dorado. Pues mientras éste iba revive y revive, la madre de Dionisio Pinzón se dobló hasta morir, enferma de miseria

4

La suerte no anda en burro.

5

En los gallos todo está permitido.

6

Por costumbre y por ley, el juez dispuso que se hiciera la prueba. Dionisio alzó su gallo yo acercó al giro que volvió a picar encarnizadamente la cresta enmorecida del dorado, el cual, como todo el mundo lo veía, estaba bien muerto.

7

Feria:

Dionisio Pinzón abandonó la plaza de gallos llevando en sus manos unas cuantas plumas y un recuerdo de sangre. Fuera, rugían los gritos de la feria; las diversiones; el anuncio de las tandas en las carpas; el pregón de las loterías; de la ruleta; las voces sordas de los albureros y de los jugadores de dados, y las voces ladinas de los que invitaban a los mirones que atinaran dónde había quedado la bolita.

8

Trampas:

Tal vez fue en la pesada —le dijo Benavides—. Algún soltador acomedido de esos que tienen los dedos ágiles pudo haberle hincado la uña (al gallo) sin que tú te enteraras. Hay gente dispuesta a todo.

9

En este asunto de los gallos un hombre solo no puede hacer nada. Se necesita participar con los demás. De otro modo acaban pisándote. Veme a mí, bien rico que estoy y a esos animalitos les debo todo. Sí.

Y otra más, a la buena amistad con otros galleros; combinaciones, matute rías si tú quieres; pero nada de ponérseles al brinco como tú hiciste ahora.

- Hay que quebrarle las costillas al animal antes de soltarlo, pues a quebrar costillas... Son cosas que todos hacen, así que no te pide nada del otro mundo.

 

-En este negocio de los gallos, no siempre gana el mejor ni el más valiente, sino que, a pesar de las leyes, los soltadores están llenos de mañas y preparados para hacer trampa con gran disimulo.

10

Gallos:

Pero por entonces, seguía gustando más de los gallos, esos animalitos sedosos, suaves, con un color vivo y de los que pronto contó con una buena partida

11

El pueblo todavía estaba de fiesta, de manera que, entre repicar de campanas y calles adornadas con festones, los dos marcharon hacia la ausencia, llevando por delante la extraña figura que, como una cruz, formaba el ataúd y el animal que lo cargaba.

12

Galleros y gente que se vivía ahorrando su dinerito todo el año para irlo a tirar a las patas de un animal o a los palos de una baraja señalada.

13

Sólo me apaciguaré el día que me echen tierra encima.

14

Un médico:

-Un estanciero del Bajío a quien acompañaba su médico, pues al parecer padecía del corazón, lo que no le impedía ser el único de los jugadores que tomara una copa tras otra de aguardiente, combinándolas en ratos con varios frascos de medicinas que tenía a la mano, sobre la mesa. Llamaba la atención porque siempre estaba tomando algo “para el susto” o “para el gusto” según ganara o perdiera. El médico, por su parte, le tomaba el pulso de vez en cuando, o le auscultaba el corazón, aunque esto no le impedía participar también en el juego.

15

Constatación de la muerte:

Pinzón pierde en el juego de las barajas. Su suerte depende de la presencia de La Caponera (Bernarda)

-—¡Despierta ya, Bernarda!

El médico allí presente se acercó hasta ellos. Hizo a un lado a Dionisio Pinzón y levantando con sus dedos los párpados de la mujer, mientras que le auscultaba el corazón, dijo:

—No puede despertar... Está muerta.

Entonces se notó el extravío de aquel hombre que seguía sacudiendo a su mujer y reclamándole:

—¿Por qué no me avisaste que estabas muerta, Bernarda?

 

 

viernes, 12 de agosto de 2022

LA CELESTINA

 


LA CELESTINA

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

En la Celestina de Fernando de Rojas hay dos amantes que mueren trágicamente , como en Romeo y Julieta, pero la primera data de 1500, mientras que la segunda es de 1590. En esta obra de teatro o novela hay aspectos amorosos, supersticiosos, mágicos y filosóficos. La vida es una eterna confrontación entre dos polos: bien-mal, amor-odio, bondad-maldad, luz-oscuridad, riqueza-pobreza, ignorancia-sabiduría, etc.

En la comedia mueren muchos otros, además de los enamorados,  porque el mal (la codicia) no viene sólo y arrastra hasta el abismo a personajes principales y secundarios. En escena hay un loco de amor, una joven que también se vuelve loca por amor debido a la insistencia de su pretendiente o al efecto de un hechizo ,una vieja alcahueta, varias putas, algunos homicidios , una muerte accidental , un suicidio , y otras por el insoportable sufrimiento , y otras más como castigo impuesto por la ley.

FRASES

1

El que mal hace aborrece la claridad.

2

Ninguno es tan viejo, que no pueda vivir un año ni tan mozo, que hoy no pudiese morir.

3

Miserable cosa es pensar ser maestro el que nunca fue discípulo.

4

Gran parte de la salud es desearla.

5

La ajena luz no te hará claro, si la propia no tienes.

6

A quien dices tu secreto das tu libertad.

7

No es vencido sino el que se cree serlo.

8

El deleite de la venganza dura un momento; el de la misericordia, para siempre.

9

El bien y el mal, la prosperidad y la adversidad, la gloria y pena, todo pierde con el tiempo la fuerza de su acelerado principio.

10

La ajena luz no te hará claro, si la propia no tienes.

11

Es mejor el uso de las riquezas que la posesión de ellas.

12

Me alegro de estas nuevas como los cirujanos de los descalabrados.

13

El que quiere comer el ave, quita primero las plumas.

14

El amor todas las cosas vence.

 

 

 

jueves, 11 de agosto de 2022

VIAJE AL PASADO

 


VIAJE AL PASADO

Edgardo Rafael Malaspina Guerra

 

En “Viaje al pasado” (1929)   Stefan Zweig habla de una pareja , cuyo amor platónico de la juventud es tratado de ser revivido muchos años después , pero el pasado es imposible revertirlo. Nunca volveremos a ser lo que ayer fuimos. Lo que no hicimos a su debido tiempo es una oportunidad perdida y ya no es real regresar a la emoción, el deseo y las circunstancias que experimentamos en determinado momento con determinadas personas.

 

1

Y mientras abajo las ruedas traqueteantes corrían hacia un porvenir todavía invisible que reservaba a cada cual algo diferente, los pensamientos de los dos flotaron en sueños regresando al pasado.

2

Había amado a aquella mujer desde su primer encuentro, pero, a pesar de la irresistible pasión que dominaba sus sentimientos, filtrándose en sus sueños, le faltaba algo decisivo que conmoviera su ser: tomar conciencia de que, al margen de excusas, lo que se empeñaba en ocultarse a sí mismo bajo el nombre de admiración, respeto o afecto, hacía tiempo que se había convertido en puro amor, un amor obsesivo, desatado, ardiente.

3

Pero el amor sólo se confirma de verdad como tal cuando deja de revolverse dolorosamente en el interior de uno, oscuro como un embrión, y es nombrado con los labios y el aliento, cuando se atreve a confesar su existencia.

4

Aunque el sentimiento se obstine en perseverar como crisálida, siempre llega el momento en que el vago capullo eclosiona de repente y se precipita con el doble de violencia desde la altura hasta lo más hondo del corazón sobresaltado.

5

Un dolor violento, elemental, le hizo estremecerse, un golpe que le atravesó el cuerpo entero desde la frente hasta el fundamento del corazón, un desgarrón que lo iluminaba todo, como un relámpago sobre el cielo nocturno: ahora, bajo aquella luz deslumbrante, era vano no reconocer que, en cada nervio, en cada fibra de su interior florecía el amor por ella, su amada.

6

No está en la esencia de la naturaleza humana vivir sólo de recuerdos, y así como las plantas y cualquier ser necesitan la fuerza nutricia de la tierra y la luz del cielo filtrada una y otra vez, para que sus colores no palidezcan y sus cálices no se deshojen marchitos, también los sueños, que parecen no ser de este mundo, necesitan alimentarse de sensaciones, el sostén de la ternura y de lo palpable, de otro modo su sangre y su intensidad pierden brillo.

7

Todo lo que decía era limpio, sin ninguna exageración, jactancia o sentimentalismo, todo lo pasado parecía haberse disuelto sin dejar huellas en el afecto que seguía manifestando por él, su pasión se había esclarecido iluminando una amistad cristalina

8

De su pasado,  de aquel encendido ardor de su juventud que había consumido sus noches y sus días haciéndole sufrir, ya sólo quedaba un luminoso resplandor, la luz de una amistad serena, cordial, sin exigencias ni riesgos.

9

Cuando uno se hace mayor, busca su propia juventud y se alegra tontamente al revivir pequeños recuerdos.

10

Uno envejece, pero sigue siendo el mismo.

11

-Eso son cosas antiguas, no las toquemos. ¿Dónde han quedado esos tiempos?

-Esos tiempos han quedado dentro de nosotros .

12

Con el cabello gris uno ya no puede pedir nada más, porque tampoco tiene nada que dar.

13

Había en todo aquello una especie de expectación, semejante a la de los novios, dulce y sensual, y que, sin embargo, se mezclaba oscuramente con el miedo previo a la consumación, con ese temor místico que surge cuando, de repente, algo infinitamente anhelado se acerca físicamente al corazón, que lo recibe con asombro.

14

Ni ella ni él eran los mismos y, sin embargo, seguían buscándose afanosamente, siempre en vano, huyendo y reteniéndose, esforzándose denodadamente, cuando carecían de ser y de fuerzas para lograrlo, como los negros fantasmas que tenían ante sus pies.

jueves, 28 de julio de 2022

ELÁRBOL DE LA CIENCIA

 

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA




Edgardo Rafael Malaspina Guerra

(“Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso, y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste”.)

 

En “El árbol de la ciencia” (1911) del médico y escritor español Pío Baroja y Nessi (1872-1956) se habla de la España del siglo XIX, sus pueblos, su gente, de la medicina y la filosofía, ente muchos otros temas interesantes. La obra se ha considerado autobiográfica en parte y por eso podemos saber cómo era la enseñanza médica y cuáles eran las corrientes filosóficas en boga de aquella época. Andrés Hurtado es el héroe de la novela. Aquí se habla de su vida desde que empezó a estudiar medicina y a ejercer la profesión en la provincia(Alcolea del Campo). Se comentan algunos casos clínicos y la poca camaradería entre los médicos por la competencia relacionada con los pacientes o clientes. Hurtado busca su lugar en la vida y lo encuentra en el amor familiar; sin embargo, un evento adverso le hace reaccionar de acuerdo a la filosofía pesimista que profesa y se suicida.

Párrafos y frases:

I

Misceláneas:

1

Todos los pueblos tienen, sin duda, una serie de fórmulas prácticas para la vida, consecuencia de la raza, de la historia, del ambiente físico y moral. Tales fórmulas, tal especial manera de ver, constituye un pragmatismo útil, simplificador, sintetizador.

2

Los gatos de casa de Andrés salían por la ventana y hacían largas excursiones por estas tejavanas y saledizos, robaban de las cocinas, y un día uno de ellos se presentó con una perdiz en la boca.

3

Sujeto a la acción de la familia, de sus condiscípulos, y de los libros, Andrés iba formando su espíritu con el aporte de conocimientos y datos un poco heterogéneos. Su biblioteca aumentaba con desechos; varios libros ya antiguos de Medicina y de Biología, le dio su tío Iturrioz; otros, en su mayoría folletines y novelas, los encontró en casa; algunos los fue comprando en las librerías de lance.

4

Un paraíso conseguido sin esfuerzo no entusiasma al creyente; la mitad por lo menos del mérito de la gloria está en su dificultad.

5

A los pocos días de frecuentar el hospital, Andrés se inclinaba a creer que el pesimismo de Schopenhauer era una verdad casi matemática. El mundo le parecía una mezcla de manicomio y de hospital; ser inteligente constituía una desgracia, y sólo la felicidad podía venir de la inconsciencia y de la locura.

6

La vida era una corriente tumultuosa e inconsciente donde los actores representaban una tragedia que no comprendían, y los hombres, llegados a un estado de intelectualidad, contemplaban la escena con una mirada compasiva y piadosa. Estos vaivenes en las ideas, esta falta de plan y de freno, le llevaban a Andrés al mayor desconcierto, a una sobreexcitación cerebral continua e inútil.

7

El caso del hermano Juan:

Es tan lógico, tan natural en el hombre huir del dolor, de la enfermedad, ¡de la tristeza! Y, sin embargo, para él, el sufrimiento, la pena, la suciedad debían de ser cosas atrayentes.

8

El que posee salud, fuerza, belleza y privilegios tiene más derecho a otras ventajas, que el que no conoce más que la enfermedad, la debilidad, lo feo y lo sucio.

9

Lo justo en el fondo es lo que nos conviene.

10

La psicología humana no es más que una síntesis de la psicología animal.

11

La justicia es una ilusión humana; en el fondo todo es destruir, todo es crear. Cazar, guerrear, digerir, respirar, son formas de creación y de destrucción al mismo tiempo.

12

Creo que todo lo natural, que todo lo espontáneo es malo; que sólo lo artificial, lo creado por el hombre, es bueno. Si pudiera viviría en un club de Londres, no iría nunca al campo sino a un parque, bebería agua filtrada y respiraría aire esterilizado...

13

A sus criados y labriegos don Blas les llamaba galopines, bellacos, follones, casi siempre sin motivo, sólo por el gusto de emplear estas palabras quijotescas.

14

Una invención supone la recapitulación, la síntesis de las fases de un descubrimiento; una invención es muchas veces una consecuencia tan fácil de los hechos anteriores, que casi se puede decir que se desprende ella sola sin esfuerzo.

15

El mundo es una cosa divertida: hospitales, salas de operaciones, cárceles, casas de prostitución; todo lo peligroso tiene su antídoto; al lado del amor, la casa de prostitución; al lado de la libertad, la cárcel. Cada instinto subversivo, y lo natural es siempre subversivo, lleva al lado su gendarme. No hay fuente limpia sin que los hombres metan allí las patas y la ensucie.

16

Teoría del amor:

He encontrado que, en el amor, como en la medicina de hace ochenta años, hay dos procedimientos: la alopatía y la homeopatía.

—Explíquese usted claro, don Andrés —replicó ella con severidad.

—Me explicaré. La alopatía amorosa está basada en la neutralización. Los contrarios se curan con los contrarios. Por este principio, el hombre pequeño busca mujer grande, el rubio mujer morena y el moreno rubia. Este procedimiento es el procedimiento de los tímidos; que desconfían de sí mismos... El otro procedimiento...

—Vamos a ver el otro procedimiento.

—El otro procedimiento es el homeopático. Los semejantes se curan con los semejantes. Éste es el sistema de los satisfechos de su físico. El moreno con la morena, el rubio con la rubia. De manera que, si mi teoría es cierta, servirá para conocer a la gente.

17

Tolstoi es un apóstol y los apóstoles dicen las verdades suyas, que generalmente son tonterías para los demás.

II

Medicina

1

Aquel ambiente de inmovilidad, de falsedad, se reflejaba en las cátedras (médicas). Andrés Hurtado pudo comprobarlo al comenzar a estudiar Medicina. Los profesores del año preparatorio eran viejísimos; había algunos que llevaban cerca de cincuenta años explicando.

 

Sin duda no los jubilaban por sus in influencias y por esa simpatía y respeto que ha habido siempre en España por lo inútil.

2

Las asignaturas eran para marear a cualquiera; los libros muy voluminosos; apenas había tiempo de enterarse bien; luego las clases en distintos sitios, distantes los unos de los otros, hacían perder tiempo andando de aquí para allá, lo que constituía motivos de distracción.

3

Al principio de otoño y comienzo del curso siguiente, Luisito, el hermano menor, cayó enfermo con fiebres. Visitó al enfermito el doctor Aracil, el pariente de Julio, y a los pocos días indicó que se trataba de una fiebre tifoidea.

Andrés pasó momentos angustiosos; leía con desesperación en los libros de Patología de descripción y el tratamiento de la fiebre tifoidea y hablaba con el médico de los remedios que podrían emplearse.

El doctor Aracil a todo decía que no.

—Es una enfermedad que no tiene tratamiento específico —aseguraba—; bañarle, alimentarle y esperar, nada más.

Andrés adquirió con este primer ensayo de médico un gran escepticismo. Empezó a pensar si la medicina no serviría para nada. Un buen puntal para este escepticismo le proporcionaba las explicaciones del profesor de Terapéutica, que consideraba inútiles cuando no perjudiciales casi todos los preparados de la farmacopea.

No era una manera de alentar los entusiasmos médicos de los alumnos, pero indudablemente el profesor lo creía así y hacía bien en decirlo.

4

A Andrés le preocupaban más las ideas y los sentimientos de los enfermos que los síntomas de las enfermedades.

5

Tuberculosis:

Luisito escupía sangre. Al oírlo Andrés quedó frío como muerto. Fue a ver al niño, apenas tenía fiebre, no le dolía el costado, respiraba con facilidad; sólo un ligero tinte de rosa coloreaba una mejilla, mientras la otra estaba pálida. No se trataba de una enfermedad aguda. La idea de que el niño estuviera tuberculoso le hizo temblar a Andrés. Luisito, con la inconsciencia de la infancia, se dejaba reconocer y sonreía. Andrés recogió un pañuelo manchado con sangre y lo llevó a que lo analizasen al laboratorio. Pidió al médico de su sala que recomendara el análisis. Durante aquellos días vivió en una zozobra constante; el dictamen del laboratorio fue tranquilizador; no se había podido encontrar el bacilo de Koch en la sangre del pañuelo; sin embargo, esto no le dejó a Hurtado completamente satisfecho.

El médico de la sala, a instancias de Andrés, fue a casa a reconocer al enfermito. Encontró a la percusión cierta opacidad en el vértice del pulmón derecho. Aquello podía no ser nada; pero unido a la ligera hemoptisis, indicaba con muchas probabilidades una tuberculosis incipiente.

-La tuberculosis era una de esas enfermedades que le producía un terror espantoso; constituía una obsesión para él. Meses antes se había dicho que Roberto Koch había inventado un remedio eficaz para la tuberculosis: la tuberculina. Un profesor de San Carlos fue a Alemania y trajo la tuberculina. Se hizo el ensayo con dos enfermos a quienes se les inyectó el nuevo remedio. La reacción febril que les produjo hizo concebir al principio algunas esperanzas; pero luego se vio que no sólo no mejoraban, sino que su muerte se aceleraba. Si el chico estaba realmente tuberculoso, no había salvación.

-Luisito había tenido una meningitis tuberculosa, con dos o tres días de un período prodrómico, y luego una fiebre alta que hizo perder al niño el conocimiento; así había estado una semana gritando, delirando, hasta morir en un sueño.

-Andrés recordaba haber visto en el hospital a un niño, de seis a siete años, con meningitis; recordaba que en unos días quedó tan delgado que parecía translúcido, con la cabeza enorme, la frente abultada, los lóbulos frontales como si la fiebre los desuniera, un ojo bizco, los labios blancos, las sienes hundidas y la sonrisa de alucinado. Este chiquillo gritaba como un pájaro, y su sudor tenía un olor especial, como a ratón, del sudor del tuberculoso.

6

Afasia:

Supongo que esta mujer se encuentra en un estado de afasia. La lesión la tiene en el lado izquierdo del cerebro; probablemente la tercera circunvolución frontal, que se considera como un centro del lenguaje, estará lesionada. Esta mujer parece que entiende, pero no puede articular más que esa palabra.

7

Supuesta catalepsia:

—¿Es usted el médico? —le preguntó uno de ellos a Andrés con impertinencia.

—Sí; soy médico.

—Pues reconozca usted el cuerpo, porque creemos que Villasús no está muerto. Esto es un caso de catalepsia.

—No digan ustedes necedades —dijo Andrés.

Todos aquellos desarrapados, que debían ser bohemios, amigos de Villasús, habían hecho horrores con el cadáver: le habían quemado los dedos con fósforo para ver si tenía sensibilidad. Ni aun después de muerto, al pobre diablo lo dejaban en paz.

Andrés, a pesar de que tenía el convencimiento de que no había tal catalepsia, sacó el estetoscopio y auscultó al cadáver en la zona del corazón.

—Está muerto —dijo.

8

La situación de Lulú era grave; la matriz había quedado sin tonicidad y no arrojaba la placenta. Intentó provocar la expulsión de la placenta, por la compresión, pero no lo pudo conseguir. Sin duda estaba adherida. Tuvo que extraerla con la mano. Inmediatamente después, dio a la parturienta una inyección de ergotina, pero no pudo evitar que Lulú tuviera una hemorragia abundante.

III

Disecciones:

1

La mayoría de los estudiantes ansiaban llegar a la sala de disección y hundir el escalpelo en los cadáveres, como si les quedara un fondo atávico de crueldad primitiva.

2

En todos ellos se producía un alarde de indiferencia y de jovialidad al encontrarse frente a la muerte, como si fuera una cosa divertida y alegre destripar y cortar en pedazos los cuerpos de los infelices que llegaban allá.

3

Dentro de la clase de disección, los estudiantes gustaban de encontrar grotesca la muerte; a un cadáver le ponían un cucurucho en la boca o un sombrero de papel. Se contaba de un estudiante de segundo año que había embromado a un amigo suyo, que sabía era un poco aprensivo, de este modo: cogió el brazo de un muerto, se embozó en la capa y se acercó a saludar a su amigo.

—¿Hola, ¿qué tal? —le dijo sacando por debajo de la capa la mano del cadáver—. Bien y tú, contestó el otro. El amigo estrechó la mano, se estremeció al notar su frialdad y quedó horrorizado al ver que por debajo de la capa salía el brazo de un cadáver.

4

De otro caso sucedido por entonces, se habló mucho entre los alumnos. Uno de los médicos del hospital, especialista en enfermedades nerviosas, había dado orden de que, a un enfermo suyo, muerto en su sala, se le hiciera la autopsia y se le extrajera el cerebro y se le llevara a su casa. El interno extrajo el cerebro y lo envió con un mozo al domicilio del médico. La criada de la casa, al ver el paquete, creyó que eran sesos de vaca, y los llevó a la cocina y los preparó y los sirvió a la familia.

5

Existía entre los estudiantes de Medicina una tendencia al espíritu de clase, consistente en un común desdén por la muerte; en cierto entusiasmo por la brutalidad quirúrgica, y en un gran desprecio por la sensibilidad.

6

Lo que sí le molestaba (a Andrés) , era el procedimiento de sacar los muertos del carro en donde los traían del depósito del hospital. Los mozos cogían estos cadáveres, uno por los brazos y otro por los pies, los aupaban y los echaban al suelo. Eran casi siempre cuerpos esqueléticos, amarillos, como momias. Al dar en la piedra, hacían un ruido desagradable, extraño, como de algo sin elasticidad, que se derrama; luego, los mozos iban cogiendo los muertos, uno a uno, por los pies y arrastrándolos por el suelo; y al pasar unas escaleras que había para bajar a un patio donde estaba el depósito de la sala, las cabezas iban dando lúgubremente en los escalones de piedra. La impresión era terrible; aquello parecía el final de una batalla prehistórica, o de un combate de circo romano, en que los vencedores fueran arrastrando a los vencidos. Hurtado imitaba a los héroes de las novelas leídas por él, y reflexionaba acerca de la vida y de la muerte; pensaba que si las madres de aquellos desgraciados que iban al “spoliarium”, hubiesen vislumbrado el final miserable de sus hijos, hubieran deseado seguramente parirlos muertos.

7

Otra cosa desagradable para Andrés, era el ver después de hechas las disecciones, cómo metían todos los pedazos sobrantes en unas calderas cilíndricas pintadas de rojo, en donde aparecía una mano entre un hígado, y un trozo de masa encefálica, y un ojo opaco y turbio en medio del tejido pulmonar.

A pesar de la repugnancia que le inspiraban tales cosas, no le preocupaban; la anatomía y la disección le producían interés. Esta curiosidad por sorprender la vida; este instinto de inquisición tan humano, lo experimentaba él como casi todos los alumnos.

8

Jaime Massó así se llamaba, tenía la cabeza pequeña, el pelo negro, muy fino, la tez de un color blanco amarillento, y la mandíbula prognata. Sin ser inteligente, sentía tal curiosidad por el funcionamiento de los órganos, que si podía se llevaba a casa la mano o el brazo de un muerto, para disecarlos a su gusto. Con las piltrafas, según decía, abonaba unos tiestos o los echaba al balcón de un aristócrata de la vecindad a quien odiaba.

IV

Fisiología:

Tenía Andrés cierta ilusión por el nuevo curso, iba a estudiar Fisiología y creía que el estudio de las funciones de la vida le interesaría tanto o más que una novela; pero se engañó, no fue así. Primeramente, el libro de texto era un libro estúpido, hecho con recortes de obras francesas y escrito sin claridad y sin entusiasmo; leyéndolo no se podía formar una idea clara del mecanismo de la vida; el hombre aparecía, según el autor, como un armario con una serie de aparatos dentro, completamente separados los unos de los otros como los negociados de un ministerio. Luego, el catedrático era hombre sin ninguna afición a lo que explicaba, un señor senador, de esos latosos, que se pasaba las tardes en el Senado discutiendo tonterías y

provocando el sueño de los abuelos de la Patria.

Era imposible que con aquel texto y aquel profesor llegara nadie a sentir el deseo de penetrar en la ciencia de la vida. La Fisiología, cursándola así, parecía una cosa estólida y deslavazada, sin problemas de interés ni ningún atractivo.

Hurtado tuvo una verdadera decepción. Era indispensable tomar la Fisiología como todo lo demás, sin entusiasmo, como uno de los obstáculos que salvar para concluir la carrera.

V

Letamendi:

1

El año siguiente, el cuarto de carrera, había para los alumnos, y sobre todo para Andrés Hurtado, un motivo de curiosidad: la clase de don José de Letamendi. Letamendi era de estos hombres universales que se tenían en la España de hace unos años; hombres universales a quienes no se les conocía ni de nombre pasados los Pirineos. Un desconocimiento tal en Europa de genios tan trascendentales, se explicaba por esa hipótesis absurda, que, aunque no la defendía nadie claramente, era aceptada por todos, la hipótesis del odio y la mala fe internacionales que hacía que las cosas grandes de España fueran pequeñas en el extranjero y viceversa.

2

Letamendi era un señor flaco, bajito, escuálido, con melenas grises y barba blanca. Tenía cierto tipo de aguilucho, la nariz corva, los ojos hundidos y brillantes. Se veía en él un hombre que se había hecho una cabeza, como dicen los franceses. Vestía siempre levita algo entallada, y llevaba un sombrero de copa de alas planas, de esos sombreros clásicos de los melenudos profesores de la Sorbona.

3

En San Carlos corría como una verdad indiscutible que Letamendi era un genio;  uno de esos hombres águilas que se adelantan a su tiempo; todo el mundo le encontraba abstruso porque hablaba y escribía con gran empaque un lenguaje medio filosófico, medio literario.

4

Andrés Hurtado, que se hallaba ansioso de encontrar algo que llegase al fondo de los problemas de la vida, comenzó a leer el libro de Letamendi con entusiasmo. La aplicación de las Matemáticas a la Biología le pareció admirable.

Andrés fue pronto un convencido.

Como todo el que cree hallarse en posesión de una verdad tiene cierta tendencia de proselitismo, una noche Andrés fue al café donde se reunían Sañudo y sus amigos a hablar de las doctrinas de Letamendi, a explicarlas y a comentarlas.

Estaba como siempre Sañudo con varios estudiantes de ingenieros. Hurtado se reunió con ellos y aprovechó la primera ocasión para llevar la conversación al terreno que deseaba y expuso la fórmula de la vida de Letamendi e intentó explicar los corolarios que de ella deducía el autor. Al decir Andrés que la vida, según Letamendi, es una función indeterminada entre la energía individual y el cosmos, y que esta función no puede ser más que suma, resta, multiplicación y división, y que no pudiendo ser suma, ni resta, ni división, tiene que ser multiplicación, uno de los amigos de Sañudo se echó a reír.

—¿Por qué se ríe usted? —le preguntó Andrés, sorprendido.

—Porque en todo eso que dice usted hay una porción de sofismas y de falsedades. Primeramente, hay muchas más funciones matemáticas que sumar, restar, multiplicar y Dividir.

5

Leyó de nuevo el libro de Letamendi, siguió oyendo sus explicaciones y se convenció de que todo aquello de la fórmula de la vida y sus corolarios, que al principio le pareció serio y profundo, no eran más que juegos de prestidigitación, unas veces ingeniosos, otras veces vulgares, pero siempre sin realidad alguna, ni metafísica, ni empírica.

Todas estas fórmulas matemáticas y su desarrollo no eran más que vulgaridades disfrazadas con un aparato científico, adornadas por conceptos retóricos que la papanatería de profesores y alumnos tomaba como visiones de profeta.

Por dentro, aquel buen señor de las melenas, con su mirada de águila y su diletantismo artístico, científico y literario; pintor en sus ratos de ocio, violinista y compositor y genio por los cuatro costados, era un mixtificador audaz con ese fondo aparatoso y botarate de los mediterráneos. Su único mérito real era tener condiciones de literato, de hombre de talento verbal.

6

Los condiscípulos, a quien asombraban estos buceamientos de Andrés Hurtado, le decían:

—¿Pero no te basta con la filosofía de Letamendi?

—Si eso no es filosofía ni nada —replicaba Andrés—. Letamendi es un hombre sin una idea profunda; no tiene en la cabeza más que palabras y frases. Ahora, como vosotros no las comprendéis, os parecen extraordinarias.

VI

Filosofía:

1

La palabrería de Letamendi produjo en Andrés un deseo de asomarse al mundo filosófico y con este objeto compró en unas ediciones económicas los libros de Kant, de Fichte y de Schopenhauer.

2

Leyó primero “La Ciencia del Conocimiento”, de Fichte, y no pudo enterarse de nada. Sacó la impresión de que el mismo traductor no había comprendido lo que traducía; después comenzó la lectura de “Parerga y Paralipómena”, y le pareció un libro casi ameno, en parte cándido, y le divirtió más de lo que suponía. Por último, intentó descifrar “La crítica de la razón pura”. Veía que con un esfuerzo de atención podía seguir el razonamiento del autor como quien sigue el desarrollo de un teorema matemático; pero le pareció demasiado esfuerzo para su cerebro y dejó Kant para más adelante, y siguió leyendo a Schopenhauer, que tenía para él el atractivo de ser un consejero chusco y divertido.

3

El verano, durante las vacaciones, Andrés leyó en la Biblioteca Nacional algunos libros filosóficos nuevos de los profesores franceses e italianos y le sorprendieron. La mayoría de estos libros no tenían más que el título sugestivo; lo demás era una eterna divagación acerca de métodos y clasificaciones.

4

Viendo que no le gustaban los libros modernos volvió a emprender con la obra de Kant, y leyó entera con grandes trabajos la “Crítica de la razón pura”.

5

La vida es una lucha constante, una cacería cruel en que nos vamos devorando los unos a los otros.

6

Ante la vida no hay más que dos soluciones prácticas para el hombre sereno, o la abstención y la contemplación indiferente de todo, o la acción limitándose a un círculo pequeño. Es decir, que se puede tener el quijotismo contra una anomalía; pero tenerlo contra una regla general, es absurdo.

7

La vida es una cacería horrible.

8

Andrés pudo comprobar que el pesimismo y el optimismo son resultados orgánicos como las buenas o las malas digestiones.

9

-Yo busco una filosofía que sea primeramente una cosmogonía, una hipótesis racional de la formación del mundo; después, una explicación biológica del origen de la vida y del hombre.

—¿Y en dónde has ido a buscar esa síntesis?

—Pues en Kant, y en Schopenhauer, sobre todo.

—Mal camino —repuso Iturrioz—; lee a los ingleses; la ciencia en ellos va envuelta en sentido práctico. No leas esos metafísicos alemanes; su filosofía es como un alcohol que emborracha y no alimenta. ¿Conoces el “Leviatán” de Hobbes?

10

Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz a donde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da? Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, el pensar sería una maravilla, algo como para el caminante detenerse y sentarse a la sombra de un árbol, algo como penetrar en un oasis de paz; pero la vida es estúpida, sin emociones, sin accidentes, al menos aquí, y creo que, en todas partes, y el pensamiento se llena de terrores como compensación a la esterilidad emocional de la existencia.

11

La antigua filosofía nos daba la magnífica fachada de un palacio; detrás de aquella magnificencia no había salas espléndidas, ni lugares de delicias, sino mazmorras oscuras. Ése es el mérito sobresaliente de Kant; él vio que todas las maravillas descritas por los filósofos eran fantasías, espejismos; vio que las galerías magníficas no llevaban a ninguna parte.

12

Kant prueba que son indemostrables los dos postulados más trascendentales de las religiones y de los sistemas filosóficos: Dios y la libertad. Y lo terrible es que prueba que son indemostrables a pesar suyo.

13

El universo no tiene comienzo en el tiempo ni límite en el espacio; todo está sometido al encadenamiento de causas y efectos; ya no hay causa primera; la idea de causa primera, como ha dicho Schopenhauer, es la idea de un trozo de madera hecho de hierro.

14

Después de Kant el mundo es ciego; ya no puede haber ni libertad ni justicia, sino fuerzas que obran por un principio de causalidad en los dominios del espacio y del tiempo. Y esto tan grave no es todo; hay además otra cosa que se desprende por primera vez claramente de la filosofía de Kant, y es que el mundo no tiene realidad; es que ese espacio y ese tiempo y ese principio de causalidad no existen fuera de nosotros tal como nosotros los vemos, que pueden ser distintos, que pueden no existir...

15

Antes para mí era una gran pena considerar el infinito del espacio; creer el mundo inacabable me producía una gran impresión; pensar que al día siguiente de mi muerte el espacio y el tiempo seguirían existiendo me entristecía, y eso que consideraba que mi vida no es una cosa envidiable; pero cuando llegué a comprender que la idea del espacio y del tiempo son necesidades de nuestro espíritu, pero que no tienen realidad; cuando me convencí por Kant que el espacio y el tiempo no significan nada, por lo menos que la idea que tenemos de ellos puede no existir fuera de nosotros, me tranquilicé. Para mí es un consuelo pensar que, así como nuestra retina produce los colores, nuestro cerebro produce las ideas de tiempo, de espacio y de causalidad.

16

-Acabado nuestro cerebro, se acabó el mundo. Ya no sigue el tiempo, ya no sigue el espacio, ya no hay encadenamiento de causas. Se acabó la comedia, pero definitivamente.

-Podemos suponer que un tiempo y un espacio sigan para los demás.

-¿Pero eso qué importa si no es el nuestro, que es el único real?

17

—¿De manera que no hay verdad?

—Sí; el acuerdo de todas las inteligencias en una misma cosa es lo que llamamos verdad. Fuera de los axiomas lógicos y matemáticos, en los cuales no se puede suponer que no haya unanimidad, en lo demás todas las verdades tienen como condición el ser unánimes.

—¿Entonces son verdades porque son unánimes? —preguntó Iturrioz.

—No, son unánimes, porque son verdades.

18

Sabemos que nuestro conocimiento es una relación imperfecta entre las cosas exteriores y nuestro yo; pero como esa relación es constante, en su tanto de imperfección, no le quita ningún valor a la relación entre una cosa y otra.

19

El encadenamiento de causas y efectos es la ciencia. Si ese encadenamiento no existiera, ya no habría asidero ninguno; todo podría ser verdad.

20

La ciencia nos da la descripción de una falange de este mamut, que se llama universo; la filosofía nos quiere dar la hipótesis racional de cómo puede ser este mamut.

21

La ciencia valora los datos de la observación; relaciona las diversas ciencias particulares, que son como islas exploradas en el océano de lo desconocido, levanta puentes de paso entre unas y otras, de manera que en su conjunto tengan cierta unidad. Claro que estos puentes no pueden ser más que hipótesis, teorías, aproximaciones a la verdad.

22

La ciencia es la única construcción fuerte de la humanidad. Contra ese bloque científico del determinismo, afirmado ya por los griegos, ¿cuántas olas no han roto? Religiones, morales, utopías; hoy todas esas pequeñas supercherías del pragmatismo y de las ideas-fuerzas..., y, sin embargo, el bloque continúa inconmovible, y la ciencia no sólo arrolla estos obstáculos, sino que los aprovecha para perfeccionarse.

23

Hay la esperanza de que la verdad, aun la que hoy es inútil, pueda ser útil mañana.

24

La verdad en bloque es mala para la vida. Esa anomalía de la naturaleza que se llama la vida necesita estar basada en el capricho, quizá en la mentira.

25

La voluntad, el deseo de vivir, es tan fuerte en el animal como en el hombre. En el hombre es mayor la comprensión. A más comprender, corresponde menos desear. Esto es lógico, y además se comprueba en la realidad. La apetencia por conocer se despierta en los individuos que aparecen al final de una evolución, cuando el instinto de vivir languidece.

26

El hombre, cuya necesidad es conocer, es como la mariposa que rompe la crisálida para morir. El individuo sano, vivo, fuerte, no ve las cosas como son, porque no le conviene. Está dentro de una alucinación.

27

Don Quijote, a quien Cervantes quiso dar un sentido negativo, es un símbolo de la afirmación de la vida. Don Quijote vive más que todas las personas cuerdas que le rodean, vive más y con más intensidad que los otros. El individuo o el pueblo que quiere vivir se envuelve en nubes como los antiguos dioses cuando se aparecían a los mortales. El instinto vital necesita de la ficción para afirmarse. La ciencia entonces, el instinto de crítica, el instinto de averiguación, debe encontrar una verdad: la cantidad de mentira que es necesaria para la vida.

28

-Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. El árbol de la vida era inmenso, frondoso, y, según algunos santos padres, daba la inmortalidad. El árbol de la ciencia no se dice cómo era; probablemente sería mezquino y triste

 

-Kant ha sido el gran destructor de la mentira greco-semítica. Él se encontró con esos dos árboles bíblicos de que usted hablaba antes y fue apartando las ramas del árbol de la vida que ahogaban al árbol de la ciencia. Tras él no queda, en el mundo de las ideas, más que un camino estrecho y penoso: la Ciencia.

29

Kant pide por misericordia que esa gruesa rama del árbol de la vida, que se llama libertad, responsabilidad, derecho, descanse junto a las ramas del árbol de la ciencia para dar perspectivas a la mirada del hombre. Schopenhauer, más austero, más probo en su pensamiento, aparta esa rama, y la vida aparece como una cosa oscura y ciega, potente y jugosa sin justicia, sin bondad, sin fin; una corriente llevada por una fuerza “x”, que él llama voluntad y que, de cuando en cuando, en medio de la materia organizada, produce un fenómeno secundario, una fosforescencia cerebral, un reflejo, que es la inteligencia. Ya se ve claro en estos dos principios vida y verdad, voluntad e inteligencia.

30

-Ya debe haber filósofos y biófilos —dijo Iturrioz.

—¿Por qué no? Filósofos y biófilos. En estas circunstancias el instinto vital, todo actividad y confianza, se siente herido y tiene que reaccionar y reacciona. Los unos, la mayoría literatos, ponen su optimismo en la vida, en la brutalidad de los instintos y cantan la vida cruel, canalla, infame, la vida sin finalidad, sin objeto, sin principios y sin moral, como una pantera en medio de una selva.

31

Contra la tendencia agnóstica de un Du Bois-Reymond que afirmó que jamás el entendimiento del hombre llegaría a conocer la mecánica del universo, están las tendencias de Berthelot, de Metchnikoff, de Ramón y Cajal en España, que supone que se puede llegar a averiguar el fin del hombre en la Tierra.

32

Al cabo de un mes del nuevo régimen, Hurtado estaba mejor; la comida escasa y sólo vegetal, el baño, el ejercicio al aire libre le iban haciendo un hombre sin nervios. Ahora se sentía como divinizado por su ascetismo, libre; comenzaba a vislumbrar ese estado de “ataraxia”, cantado por los epicúreos y los pirronianos. Ya no experimentaba cólera por las cosas ni por las personas.

33

- Yo creo que la civilización le debe más al egoísmo que a todas las religiones y utopías filantrópicas. El egoísmo ha hecho el sendero, el camino, la calle, el ferrocarril, el barco, todo. (Parece el discurso filosófico de la Rebelión de Atlas de Ayn Rand )

34

La naturaleza es muy sabia. No se contenta sólo con dividir a los hombres en felices y en desdichados, en ricos y pobres, sino que da al rico el espíritu de la riqueza, y al pobre el espíritu de la miseria. Tú sabes cómo se hacen las abejas obreros; se encierra a la larva en un alveolo pequeño y se le da una alimentación deficiente. La larva ésta se desarrolla de una manera incompleta; es una obrera, una proletaria, que tiene el espíritu del trabajo y de la sumisión. Así sucede entre los hombres, entre el obrero y el militar, entre el rico y el pobre.

35

El que no tiene dinero paga su libertad con su cuerpo; es una onza de carne que hay que dar, que lo mismo le pueden sacar a uno del brazo que del corazón. (Clara referencia al Mercader de Venecia de Shakespeare),

16

Explicándose como un filósofo, hubiera dicho que la sensación de conjunto de su cuerpo, la “cenesthesia” era en aquel momento pasiva, tranquila, dulce. Su bienestar físico le preparaba para ese estado de perfección y de equilibrio intelectual, que los epicúreos y los estoicos griegos llamaron “ataraxia”, el paraíso del que no cree.

VII

La historia:

1

Muchas veces intentó dejar de leer estos libros de filosofía. Pensó que quizá le irritaban. Quiso cambiar de lecturas. Don Blas le prestó una porción de libros de historia. Andrés se convenció de que la historia es una cosa vacía.

2

Creyó como Schopenhauer que el que lea con atención “Los Nueve Libros de Heródoto”, tiene todas las combinaciones posibles de crímenes, destronamientos, heroísmos e injusticias, bondades y maldades que puede suministrar la historia.

VIII

Final:

Por la mañana, a la hora del entierro, los que estaban en la casa, comenzaron a

preguntarse qué hacía Andrés.

—No me choca nada que no se levante —dijo el médico— porque toma morfina.

—¿De veras? —preguntó Iturrioz.

—Sí.

—Vamos a despertarle entonces —dijo Iturrioz.

Entraron en el cuarto. Tendido en la cama, muy pálido, con los labios blancos, estaba Andrés.

—¡Está muerto! —exclamó Iturrioz.

Sobre la mesilla de noche se veía una copa y un frasco de aconitina cristalizada de Duquesnel.

Andrés se había envenenado.

Sin duda, la rapidez de la intoxicación no le produjo convulsiones ni vómitos. La muerte había sobrevenido por parálisis inmediata del corazón.

—Ha muerto sin dolor —murmuró Iturrioz—. Este muchacho no tenía fuerza para vivir. Era un epicúreo, un aristócrata, aunque él no lo creía.

—Pero había en él algo de precursor —murmuró el otro médico.

(Andrés se envenenó luego de la muerte de su esposa durante el parto)